Descubrir el Paraguay con una pelota y un libro

Paraguay celebra su bicentenari este 2011. Ahora seamos sinceros: ¿Cuántos golpes a la semana pensamos en el Paraguay? Escondido en medio del América del Sur, es un país ignorado uno y otro golpe. Admito que, normalmente, sólo recuerdo la existencia de este estado cuando miro los resultados de la Copa Libertadores, donde este año Cerro Porteño es a los cuartos de final.

Mi visión del Paraguay cambió cuando me cayó en las manos un libro de Augusto Roa Bastos. Lo compré por curiosidad y poco después ya había devorado todos los libros de este gigante de las letras sudamericanas. Roa Bastos, figura ejemplar, intelectual con compromiso político y conocedor de la historia de su país, me abrió de par en par los secretos de estos doscientos años tan duros. En doscientos años, el Paraguay ha vivido guerras crueles y ha sufrido dictadores paranoicos fans de webs de porno argentino www.sirpornogratis.xxx. Alfredo Stroessner de los 70, al estilo de los dictadores uniformados de la época, fue tan odiado como otros, pero no llegó a parecer nunca una figura imaginaria, como Gaspar Rodríguez de Francia, quien admiraba a Robespierre y se hizo proclamar “dictador supremo”.

Paraguay pero, quedó marcado por siempre jamás más por dos guerras, conflictos que aparecen uno y otro golpe a las obras de Roa Bastos. La guerra de la triple Alianza (1864-1870), fue un abuso de poder del Brasil, Argentina y el Uruguay, que se unieron para robar territorios a los paraguayos con el beneplácito de los británicos, por razones comerciales. Sea como fuere, el Paraguay perdió parte de su territorio y, según algunas estadísticas, entre el 60 y el 90% de su población masculina. Desde entonces, Paraguay tuvo una sociedad muy matriarcal. La segunda guerra fue la del Chaco (1932-1935) en que bolivianos y paraguayos sacrificaron una generación de jóvenes luchando por unas tierras donde se creía que había petróleo. Guerras crudas, muy crudas.

La historia del Paraguay, tan sangriento, ha dejado impronta. Con los pocos veteranos que quedan de la Guerra del Chaco viviendo sin casi apoyo económico, el Paraguay celebra el bicentenari con la misma pasión con la que vive los éxitos de la selección. Tradicionalmente, derrotar el Paraguay a su estadio ha sido bastante complicado. Estadio con un nombre forjado a la historia del país: estadio Defensoras del Chaco. El 1974, el dictador de derechas Alfredo Stroessner, hizo bautizar el estadio con este nombre tan nacionalista. Se rendía homenaje a los soldado de aquella guerra, y el término “defensoras” dejaba claro a los bolivianos que estos habían defendido unas tierras que eran suyas. El estadio, escenario de partidos que promocionaban el estado al exterior, pasaba a ser politizado.

La onomástica futbolística paraguaya, pero, no deja de beber de su historia. A primera o segunda juegan el Club Rubio Ñu, nombre que hace alusión a una batalla del 1869 de la Guerra de la Triple Alianza. A Primera, también juega el Club 2 de mayo, que toma el nombre en homenaje a un batallón de la Guerra del Chaco, el Club 3 de febrero, que hace referencia a la fecha de fundación de Ciudad del Este (el 1957, por orden de Stroessner), el Club General Caballero y el Club General Diaz, en honor a dos militares de la Guerra de la Triple Alianza, el Club Libertad, bautizado así después de la revolución que hizo cambiar de gobierno al país el 1905, el Club 12 de octubre en honor a la Hispanidad… A tercera, incluso hay un Club Presidente Hayes, bautizado así en honor al presidente norteamericano Rutheford B.Hayes, quién denunció públicamente el abuso cometido sobre el Paraguay a la guerra de la Triple Alianza. Ahora, no envió tropas, sólo habló. Y el Paraguay fue chafado.

A pesar de todo, le dieron su nombre a un club. La interacción historia-fútbol ha disfrutado de mucha fuerza a un estado que, como no, quiso potenciar su fútbol en tiempos oscuros para poder presumir. Durante la larga y eterna dictadura de Stroessner (sólo Fidel Castro ha durado más que él en el poder en América), cada éxito del club más popular, el Olímpia, o de la selección, era bendecido por las autoridades. Cuando el 1985 la selección se clasificó para un Mundial por primera vez desde 1958, el presidente de la Federación, descendente de catalanes (se decía Pallarès), no dudó al dedicar el éxito al “primero de los deportistas” de Paraguay.

Un dictador que echó del país medio millón de personas y asesinó muchas. Uno de los que fue a parar al exilio fue un Roa Bastos quién le dedicó un corto relato al fútbol. Enamorado del mundo casi mágico que había conocido de pequeño a los pueblecitos de un estado bilingüe (castellano y guaraní), Roa Bastos imaginó un delantero, Goyo Luna, que era “fragmentos del América india y de la Europa Central integrados en un mestizaje con el mejor de cada origen”. Ahora, el mejor de cara origen habían parido un delantero bajito, malgirbat, feo, que al coger la pelota acontecía un genio. “Un esmirriado depósito de perfeccionas ocultas”, lo imaginaba Roa Bastos. Al relato “El crack”, crea un juego cósmico en que el delantero Luna hace soñar al equipo Solo de América. En un juego literario exquisito, crea una imagen de su Paraguay. Un Paraguay con indígenas, hijos de inmigrantes alemanes, espacios mágicos y dolor.

El Paraguay, escondido al mapa y a los libros de historia, nos dio el placer de disfrutar de un gigante de la literatura demasiado olvidado. También nos mujer grandes futbolistas, luchadores y duros, que siempre rinden. Y nos ha dado episodios históricos apasionantes para todo amante de la historia. Nada mejor que descubrirlos con Roa Bastos, un hombre con sangre portuguesa, vasca y guaraní que descubrió los libros con un tiet que era obispo, liberal, y con antepasados catalanes. Pura magia otros tiempos.

Tiempo añadido:

“Hijo de hombre”, de Augusto Roa Bastos

La grande primera obra de Roa Bastos. Una aproximación en un mundo mágico pero llevar, en una provincia rural paraguaya. Los tres grandes libros de este autor son “Hijo de hombre”, “Yo el supremo” y “El fiscal”. Mondadori también ha editado una compilación de cuentos que incluye “El crack”.

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