2010-07-05 | Buenos Aires festejó la derrota brasileña casi como un triunfo propio
02/07/10 - 13:20
Gooooooooooooooooooooooool. El grito estalló en la terminal de Constitución con una fuerza similar a la que había desatado el pelotazo con el que Carlitos Tevez clavó el 3-0 de Argentina ante México. Pero era el gol con el que Sneijder daba vuelta el partido de Holanda ante Brasil y dejaba al gigante sudamericano afuera del mundial.
Antes, en un kiosco de Palermo, el gol de Robinho con el que Brasil se ponía al frente, había sido escuchado con caras largas.
El 2-1 se festejó también en las calles con gritos y bocinazos. Pero entonces todavía quedaban varios minutos de partido. Los que no estaban frente a un televisor se apuraban para llegar a alguno. O paraban en las veredas para “pispear” (espiar) los que había en un negocio, sin importar si se trataba de un 14 pulgadas tras el mostrador de una panadería.
Fueron minutos con argentinos pegados a la pantalla. Muchísimos, como demostraron los festejos, a la espera que Holanda pudiera terminar de definirlo o Brasil siguiera buscando sin éxito el empate que no llegó y que le habría dado al menos 30 minutos más del mundial.
Llegó el pitazo final del japonés Nishimura. Otra vez, los asistentes de un bar de la calle Córdoba saltaron y gritaron como si la derrota brasileña hubiera sido un triunfo argentino. Los bocinazos en la calle y el festejo de muchos en la peatonal Florida confirmaban que, en el fútbol, la rivalidad con los hermanos del Mercosur pesa bastante más que la hermandad sudamericana.